domingo, septiembre 14

86. Sueño eterno


Cuando todo lo perdí
morí de angustia y de dolor.

Mi espíritu clamaba,
el entorno disipado anegaba mi existir
infame turba de nocturnas aves
en tropeles extraviados de la confusión,
blanca ingenuidad metamorfoseada en indigna
encaminó mis pasos alterados
a la taberna en busca de licor bendito.

Los excesos fueron vanos
la confusión no trajo olvido.

El alcohol no pudo con mi pena,
en aquel momento tome la decisión
salí presuroso en busca del sueño eterno
determiné dar confín a mi existencia
concibiendo en salir de la desesperación
ese sería el escape
el separador de la vía, el instrumento presto
la alacridad de los autos
el arma a la vista
la mano temblorosa
la opresión en el pecho
el dolor indescriptible.

Es muerte lo que deseas? muerte ufana
Escuché y la reconocí la voz vigorosa y grata.

Pobre muerte, pues ni aún puedes matarme,
sentí frío, era el frío que traía la vida
los efluvios cálidos y las sienes grana,
las manos temblorosas
entre trampas ásperas de las mortuorias calmas
era el gélido panteón
era el desapego de la vida y del crimen,
comprendí la perspectiva allende la muerte.

El tormento del abatimiento propio
de la lucha entre mi corazón y mi cabeza.

La lucha entre mi sentir y mi razón,
el sudor sangriento, el piélago del desamor
nadie lo sabe también como yo,
en la penumbra de la niebla escuché
una dulce voz que reprochaba mi actuación
por qué lo haces, no eres idóneo a tu vivir,
a la vida que originaste sin pedimento alguno,
yo le contesté:
ellos son mi único anhelo y son mi amor,
Ella me iluminaba comprendiendo
lo grande de mi amor
abatiendo la fortaleza del espíritu al sino
de la expiación
y al final... sonreíamos los dos.

Fabio Alberto Cortés Guavita
Colombia

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