viernes, septiembre 12

78. Gemidos delirantes

La ninfa fue nimbada, ungida de azahares,
sus ojos tornábanse vidriosos y fulgentes
iluminando la estancia,
sus senos desnudos abrazaban
el rostro ahogándolo en el vértigo
de caminos recorridos pero nunca extasiados
como en éste relámpago
de olor penetrante de su virginea piel
calcinada ansiosa de pantera en celo,
por cuyos más hondos designios
exploraba el alma en sentidos voluptuosos,
saboreando cada punto,
degustando cada espacio,
devorando en besos la intimidad enloquecida
incansable en una febril exultación
de gemidos delirantes, el rugir del amor
satinado desbordante y feraz.


Fabio Alberto Cortés Guavita
Colombia

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