martes, noviembre 25

CASONA DEL HORROR - VIVENCIAS



La vieja casona, al píe del Salto del Tequendama* se erige hermosa a la luz del día y se transforma con las sombras del anochecer en un sitio de horror, aquella vez… (1955) me despertó el clásico sonido de unas carambolas de billar y la risa de los jugadores, el tic tac del reloj que conduce las almas hacia su destino marcaba las 12 en punto y afuera la lluvia caía a cántaros como diría el tío Benedicto, nuestro anfitrión, el silencio eterno precedía a la tragedia cuando de la mesa de billar saltó el monstruo enigmático y solemne con su mirada de loba en celo, hiriendo mis sienes se apoderó de mi cuerpo lentamente, paso a paso, desgarrando con sus filudas garras mi abatido corazón tenso y mustio y fue succionando la sangre, los sentidos, los sentimientos y la angustia.

El bullicio de la familia al escuchar mis gritos y desembocar en la estancia del billar no encontró nada ni nadie, los espíritus del horror se habían desplazado una vez más hacia el aposento de los muertos y a mí me quedó el recuerdo terrorífico de aquella noche… bueno, y la afición por el billar.

Poeta Maesse. Bogotá nov. 14/14
* A escasos kilómetros de Bogotá
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